Tristan e Isolda o la muerte por amor


Lo dice: Isabella X.

Una de mis leyendas celtas favoritas es la de Tristán e Isolda. Es una de esas historias, con diversas versiones debido a la tradición oral y que sin embargo en todas encontramos características de amor prohibido, confusiones divertidas y que sin embargo encuentran un fin trágico.



Cuenta la leyenda que El Rey Marco de Cornualles, estaba comprometido con la princesa irlandesa Isolda (la de los cabellos dorados) y decide enviar a su sobrino Tristán a buscarla. La madre de Isolda, sabiendo de la diferencia de edad entre su hija y su prometido, le da a la sirvienta Brangien un filtro de amor, que debía dar a los esposos antes de la noche de bodas. Sin embargo, por esos azares de la vida y las leyendas,durante el viaje de Irlanda a Cornualles, Tristán e Isolda, beben casualmente la poción, quedando perdidamente enamorados.

A partir de ese momento, Tristán e Isolda se ven a escondidas del Rey y pese a quienes intentan juzgarlos y desenmascarar a la pareja, estos logran salir bien librados. Sin embargo, cansado de los chismes, el Rey decide espiarlos y al darse cuenta de la realidad, se inicia la tragedia.

Richard Wagner (1813-1883), inspirado en esta leyenda y por un secreto romance con Mathilde Wesendonck, esposa de su mecenas, y algunos dicen que también influído por la filosofía de Schopenhauer, escribe “Tristan und Isolde” aproximadamente en 1857.

"Quiero que el público enloquezca al verla" dijo Richard Wagner de su ópera, denominada por él mismo como drama musical.


Hace unas semanas, un gran amigo, José Agustín Ortíz, describió y recomendó esta ópera con tanta pasión, precisión y detalle, que lo comparto con ustedes:

“Esta es la ópera que cambió todo en la historia de la música. Por eso no es de extrañar que tras su estreno, en 1865, las posiciones de los críticos se polarizaran al extremo, entre los que veían en ella (correctamente) el inicio de una era completamente diferente en que la atonalidad tomaría el lugar que la armonía había ocupado en la ópera por doscientos años y que llevaría a una renovación total de los estilos artísticos; y del otro lado los que la consideraron un mamarracho incomprensible.

En esta monumental obra (dura más de cuatro horas y al final el tenor y la soprano acaban invariablemente exhaustos) se narra la leyenda medieval de la doncella Isolda, que navega hacia Cornuales para casarse con su prometido, el rey Marke, y es escoltada en el camino por el sobrino del rey, Tristán. Lo que al comienzo es una enemistad mortal entre ambos, pues Trsitán mató al anterior prometido de Isolda, que está a punto de sellarse con el mutuo asesinato mediante una pócima venenosa, acaba en un enredo monumental cuando el brebaje es cambiado erróneamente por un elixir de amor que los une en romance hasta la idolatría.

Tristán e Isolda representada en el Teatro Municipal de Santiago (Chile) en Junio del 2009.

Después todo va cuesta abajo: los amantes insisten en citarse y besuquearse prácticamente en las mismísimas narices del novio monarca hasta que este ya no puede hacerse de la vista gorda y se arma la grande. Tristán debe exiliarse, muere pensando que Isolda lo ha olvidado sólo para que dos minutos después ella irrumpa en escena buscando ansiosamente a su amado deportado. Isolda muere de amor en una de las escenas más espectaculares de todos los tiempos (la de este video) cuando su criada Brangäne está tratando de decirle que el rey Marke ha perdonado a ambos y está dispuesto a bendecir su unión. ¡Fatalidad total! La escena de la muerte de Isolda se llama “liebestod”, o la “muerte por amor” y constituyó la innovación más importante de Wagner: en esta aria funesta no hay una queja, una palabra dolorosa, todo es la visión luminosa de Tristán en el mundo ideal, donde camina hacia el horizonte azul rodeado de un halo brillante y recitando versos con Schopenhauer. Isolda entona: “gentil reconciliación que penetra en mí en dulces ecos” y luego se muere de amor en una muerte mística que iba a marcar el arte de los cincuenta años siguientes.

Las mejores Isoldas siempre han venido de Escandinavia: a las inigualables Kirsten Flagstad y Birgit Nilsson, que se moría en esta escena en tal climax de dolor amoroso que te hacía temblar, hoy se suma una excelente soprano sueca: Nina Stemme.

Este video marcó la consagración de Nina Stemme, cuando Plácido Domingo la eligió para actuar “Tristán e Isolda” con él en el Festival de Glyndenbourne de 2005, con la orquesta y coros del Covent Garden y la dirección de Antonio Pappano.

El video se puede adquirir en EMI Records. Pero mi versión favorita de esta gran ópera es la que tengo en mi oficina, la de Deutsche Grammophon, con Margaret Price, Dietrich Fischer-Dieskau, René Kollo, Kurt Moll, Werner Götz y Brigitte Fassbaender, dirigidos todos por Carlos Kleiber. ¡Qué tal lujo de elenco!”


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2 Respuestas a “Tristan e Isolda o la muerte por amor

  1. ¿Quién es el escritor/a de la novela?

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