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Papacitos eternos 05: El hermoso triste

Luego de centurias (vamos, no es tanto) vuelven nuestras habituales notas de “Papacitos eternos”, actores que dejaron huella en la historia del cine. No dejen de sugerirnos a sus favoritos.

Monty

Montgomery Clift (via Perez Hilton)

 Lo dice @Dreampicker

¿Qué debo hacer para probarles que sé actuar?

Monty era tan caballero que decidió que su hermana saliera primero del vientre de su madre. Era tan meticuloso con su trabajo que el mismo James Dean dijo que su sueño dorado era actuar con él. Llevaba una vida tan desastrosa que Marylin Monroe dijo sólo él vivía peor que ella. Era tan hermoso, tan desordenado por dentro y por fuera, tan triste.

Edward Montgomery Clift nació en Omaha, Nebraska, allá por los locos años 20. A pesar de las finanzas erráticas de su padre, los niños Clift recibieron una educación esmerada en Estados Unidos y Europa, en algunos momentos dada por su propia madre o por costosos profesores. Como a los 13 años es ella quien descubre el talento de su hijo por la actuación y le estimula a continuarlo. Es así que él llega, con 15 años, a Broadway con una obra teatral en la que no queda en el anonimato, llamada Fly away from home.

Pasarían diez años antes de que el cine se le cruzara en el camino. El flacucho joven iniciaría su carrera no menos que al costado de John Wayne y Howard Hawks en una de vaqueros, Red River. Su carisma es innegable. La cámara se enamora de él al instante. Sin embargo, es su segundo film el que lo pone entre las estrellas, The Search, un film de postguerra que le hace merecedor de una nominación de la Academia. Nada mal.

Tal vez Monty sentía frío en la cima. Por éso le daba la gana de vivir su vida como un completo desordenado. Elizabeth Taylor, su amigaza del alma (que incluso lo salva de morir en una ocasión) decía que él hubiera sido uno de los más importantes actores de su generación, si hubiera aceptado algunos papeles en películas trascendentales del cine. En verdad, él era sumamente exigente con los roles que le proponían, siendo uno de los primeros actores en seguir fielmente “El Método” para construir sus personajes, o llegando incluso a modificar él mismo los guiones de las películas en las que participaba, sin interés en aparecer en los créditos finales, sólo por el hecho de hacer un buen trabajo. En tal sentido, no era raro que rechazara algunos papeles, muchas veces escritos directamente para él, como cuando rechazó Sunset Boulevard por que vivía un momento similar al del personaje, en su vida privada (dicen las malas lenguas que su novio rico de entonces había amenazado con suicidarse).

Un accidente de auto a mediados de los años cincuenta cambió su rostro y su vida. Según un crítico de cine, “empezó el suicidio más largo de la historia”. Los medicamentos recetados para el dolor le generaron una adicción de la que jamás se pudo recuperar. Ya era lo suficiente desordenado como para empeorarla. Los directores de cine se desesperaban al ver que el errático Monty era incapaz de recordar sus parlamentos y terminaban diciéndole cosas como “Oie, a ver, olvídate del guión. Imagínate que estás en tal o cual situación, ¿qué harías tú?” Demasiada caída para un actor que era capaz de vivir en la cárcel un tiempo, sólo para “sentir” la misma experiencia que su personaje. Se iba apagando la luz de a pocos, para finalmente extinguirse una madrugada de 1966, a solas, en casa, a causa de un ataque cardiaco. Habían emitido por la tele una de sus últimas películas “The Misfits” y no había querido verla. “¡Por supuesto que no!” dijo, mientras se despedía de su asistente personal. Hay viajes que uno hace solo.

Yo confieso

No está en el parnaso de las películas de Hitchcook y sin embargo, es una de las mejores caracterizaciones de Montgomery Clift. El guión de I Confess tomó 8 años en escribirse, tras pasar por… 12 escritores! Y no es para menos, el tema que trata resultó ser tan polémico para su época, que fue prohibido en Irlanda. Un sacerdote escucha la confesión de un asesino y es incapable de denunciarle, pues el secreto de confesión es parte importante de su ministerio. Para empeorarla, tiene sentimientos encontrados por una ex novia que está casada, que es infeliz; y ambos son sujetos de extorsión por ello. Tremendo dramón. Para recrear al personaje, Clift vivió con sacerdotes y en la cárcel. Sin embargo, Hitchcook vivía fastidiado con él y sus desbandes; alguna vez había llegado a filmar completamente borracho y revivido milagrosamente para la acción.

I confess – Trailer

Puedes verla gratuitamente, aquí.

MG

“Good dialogue simply isn’t enough to explain all the infinite gradations of a character. It’s behavior — it’s what’s going on behind the lines…” M.C.