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El legado de una dictadura. Reseña a la novela gráfica “El Síndrome Guastavino”

Lo dice: @fatimatv

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Hoy murió el dictador argentino Jorge Videla y no hay mejor contexto para reseñar y recomendar la novela gráfica “El Síndrome Guastavino”. Con guión de Carlos Trillo y dibujos de Lucas Varela,  fue originalmente publicada por entregas (entre los años 2007 y 2008) en la revista Fierro, y posteriormente editada en formato álbum.

El Síndrome Guastavino, al estilo de la comedia negra, nos presenta una radiografía psicológica, o más bien psiquiátrica, de lo que para Trillo es la  Argentina de los hijos de la violencia de estado de los 70. Busca transmitirnos la enorme y dolorosa huella que ha dejado la dictadura militar en una sociedad reconocida por muchos por su orgullo nacional y sus manifestaciones artísiticas.

Uno de los principales aciertos de esta novela, es que el estilo colorido y caricaturezco del dibujo de Varela, así como la sutiliza del incio del relato,  lleva al lector a pensar que la obsesión o fetiche del protagonista, el mediocre oficinista Guastavino,  por las muñecas, es una simple excentricidad objeto de burla. Sin embargo, mientras avanza la historia nos enfrentamos con crudeza a una crítica frontal a las brutales prácticas destinadas a “preservar el orden interno” y torturas sistemáticas  aplicadas por los militares videlistas  a todo aquel que fuera sindicado como “comunista” o contrario al régimen, con especial ensañamiento en las mujeres.

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Carlos Trillo,  escribió una nota para acompañar el capítulo final del Síndrome Guastavino en la revista Fierro, que reproduzco a continuación:

“Una mala idea: Nos dijeron muchas cosas sobre Guastavino. Antes de aparecer en Fierro que era demasiado fuerte para ser publicada. Durante los meses que duró su desarrollo, que teníamos la cabeza podrida, que Lucas Varela nunca volverá a ser el mismo después de dibujar esta historieta, que porque no aprendemos de las sublimes sutilezas de Minaverry, que “quedé tan enganchado a esta cosa enferma que están haciendo, que voy a tener que comprar la próxima Fierro, yo que había decidido decirle al diariero que no me la traiga más”. El mismo Varela me llamó un día para pedirme que tuviéramos un poco de piedad, por favor. Uno aprendió que los hechos no son dramáticos en sí mismos. El drama requiere la participación del que lo mira. Ver el elemento dramático (cómico, farsesco, divertido, trágico) de un acontecimiento significa tanto percibir los elementos en conflicto como reaccionar emocionalmente ante ellos. Uno aprendió, también, que en este país pasaron cosas muy feas. Y que esquirlas de la peor locura han ido quedando en demasiadas cabezas compatriotas. Y entre tantos aprendizajes hemos absorbido este enunciado irrenunciable: todos los relatos terminan. Y eso pasa hoy con esta historia de Guastavino, el tipo que aspiraba a un cielo con represores con alitas que sacan dulces melodías de sus picanas y con muñecas que sólo piensan en el amor. No te vamos a extrañar una mierda Guastavino.”

Pueden encontrar El Síndrome Guastavino en librerías Ibero o SBS. Realmente vale la pena leerlo y tener presente las secuelas que dejan regímenes totalitariospara que no se vuelvan a repetir.