Para el Resto del Mundo


libraire

Paraiso.

Lo dice @dreampicker

Encontramos un texto interesante sobre el papel de los libreros y las librerías, como elementos importantes y estimulantes de la identificación social y política, en el ejemplar #65 de la revista Le Libraire, que entregan gratuitamente las librerías independientes de Quebec y que me he permitido traducir especialmente para la Silla Ecléctica. Si desean ver la versión original, pueden hacerlo aquí.

Para el resto del mundo

Por Dominique Lemieux

La primera vez que leí Gao Xingjian, estaba en Shanghai, tendida en la cama infecta de una vivienda mal calentada. Me había apropiado de una copia en inglés de La Montaña del Alma, dejada distraídamente sobre la mesa de café de una amiga china. Pronto devoré sus primeras páginas.

A petición mía, mi amiga me llevó más adelante, de puntillas, a su librería favorita, en el corazón de Fuzhou. Ahí me presentó al librero, un antiguo compañero de la universidad. Los encuentros se multiplicaron. Cada vez que le visitaba, el librero me iba reconociendo, me fue mostrando las novedades de sus estanterías. Entonces, a veces desaparecía tras una puerta y regresaba con un libro o dos, bastante escondidos en el cuarto de atrás, claro, ya que eran libros prohibidos por las autoridades chinas.

Fue así es como descubrí durante los meses, los escritos subversivos de Mian Mian (Candy, China), el tono provocador de Zhou Weihui (Shanghai Baby), y la mirada veraz de Yan Lianke (Servir al pueblo, El sueño de Ding Village).

Mi amiga veneraba ésta librería, que le permitió descubrir un pedazo de la producción literaria que el régimen comunista trataba de ocultar. En los libros, ella distinguía un mundo prohibido, encontrando oscuridades por toda su nación.

Un mundo en crisis
El mundo está en crisis. El hombre revienta el hogar del vecino, la tierra hipa, el ser humano pierde su orientación. El hombre se muda, se choca, se queja. Algunos, para llenar el vacío, buscan redefinirse a sí mismos, refugiándose en nuevas ideas, pero otros se evaden en la ficción, para olvidar las desgracias de ayer, para soñar con un mejor mañana.

De Túnez a El Cairo, desde Abiyán a Port-au-Prince, el librero tiene un papel importante. Su pertinencia no está en duda. Fue él quien, con orgullo, salió de su escondite y mostró las obras, por mucho tiempo, censuradas por el gobierno tunecino. Fue él quien reconstruyó su negocio con convicción tras el terremoto de Haití en enero de 2010. Fue él quien revivió el corazón de la calle al-Mutannabi, un área devastada Irak en 2007 por una explosión y los ecos de la guerra. A menudo, también, es atacado por las autoridades. Basta pensar en la librería Kitab Al en Bizerta, una ciudad en el norte de Túnez. A mediados de enero, este foco cultural fue saqueado e incendiado por las milicias del antiguo régimen.

En estos lugares, el discurso de la librería, libera la palabra, alimenta el compromiso; permite a los lectores a sumergirse de nuevo en su propia historia. Les ayuda a recuperar su identidad, proporcionando las herramientas que forjan una opinión personal, generalmente lejana de los discursos oficiales.

Hablamos Quebecois
En Quebec, la biblioteca ha desempeñado un papel similar. En el siglo XIX, el librero Édouard-Raymond Fabre era el centro de la rebelión de los Patriotas. Su biblioteca, un verdadero lugar de animación política, se había convertido en el punto de encuentro de los patriotas de montrealeses. Las ideas y los libros circulan libremente.

Lo mismo sucedió en Montreal en la década de 1950. En medio de Gran Oscuridad, el triunfo se debió gracias a la biblioteca de Henri Tranquille, amante de la libertad, consagrado por Yves Gauthier en el magnifico libro, Monsieur Livre, Henri Tranquille ( editorial Septenptrion) , quien se bate vigorosamente contra toda forma de censura. Burla a las autoridades eclesiásticas para ofrecer la visibilidad de los “malos” libros. No es de sorprender que todos los firmantes de la Refus Global eligieran aquel lugar para lanzar uno de los más famosos manifiestos culturales. De tranquila manera, entonces se abrió la conciencia de cientos de lectores, pavimentando, a su manera, la nueva concepción de nuestra sociedad.

Aquí, la época de las grandes revoluciones ha terminado. Preferimos hablar de la última victoria de nuestros jugadores de Hockey, en lugar de hablar sobre los cambios sociales necesarios. Sin embargo, un recorrido por la biblioteca nos puede renovar la fe en el ser humano, ahí están, apasionados, descubriendo obras inspiradoras, excepcionales.

Todos los días, el librero independiente continúa con su compromiso. Tomar ventaja de los “Best Sellers” es ya una opción política; optar por los que no son tan “vendibles”, también, así como el hecho de no consagrar todo el espacio del último libro a una estrella de televisión o a un humorista “reciclado”.

La librería sigue siendo una opción. Permitirse tener una vitrina para aquellas obras marginales. Escoger interesarse por los autores emergentes, por las novelas gráficas, el cómic, las obras de los creadores locales. Escoger la calidad, antes de la cantidad. Escoger la independencia de espíritu. Ahi va la filosofía de una librería independiente, ahí está su compromiso.

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